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diumenge, 24 d’octubre de 2010

Teresa Domingo i Català

El mar aquieta velas a la sombra del mástil,
el mar aquieta sombras en la vela del mástil,
en la vela del mar el mástil y las sombras.

Sereno el mar en sombras en la noche cerrada,
encerrada la noche brilla la plata mar,
encerrada la plata brilla la noche mar.

Jazmín que entreabre hojas pétalos de marfil,
rosa que entreabre hojas pétalos de rubí,
clavel que entreabre hojas pétalos de coral.

Pétalos se derraman desertizan el fuego,
el coral se derrama desertiza claveles,
el jazmín se derrama desertiza marfiles.

Tú vienes con el ramo y con tus manos blancas,
negro de madrugada nocturno y alevoso,
y me miras en ciernes y con tus manos blancas.

Me miras y no ves el negro de tus ojos,
el verde de mis ojos las llamas de tus ojos,
el iris de tus ojos pupilas irisadas.

Luna mengua en tus manos luna mengua en las mías,
mis dedos de crisol son agua y desvanecen
la luna de tus manos y el iris de las mías.

Los jardines se incendian en un pulso de abril,
y vaga la doncella y busca la acrobacia
mas las princesas mueren con el himen intacto.

Y nieva en los castillos los copitos en llamas,
esa nieve flamígera que asusta las montañas
y se convierte en río río lleno de ámbar.

La corriente se escapa resucita en jardín,
esmeralda de fuego que visita la piedra,
en el arduo penar del incendio del árbol.

Cariátide de hielo sombra gris plateada
amante de una obscena y sin embargo blancura
que deslíe sus naves cuando hierven las nubes.

Y con todo es el mar y la sombra en que vive,
y el mástil que despunta con el viento en las velas,
y la noche serena que reluce en la plata.

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