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divendres, 7 de gener de 2011

Ángel Granja Rodríguez

A MIS ANÓNIMOS CAMARADAS


Para aquellos compañeros
que no están en el recuerdo;
sin embargo, la historia
se ha escrito gracias a ellos,
anónimos camaradas,
gente sencilla del pueblo.

A todos los que su vida
nos han servido de ejemplo
y, sin embargo, olvidados
por los cronistas del reino
que nos cantan esas gestas...
que siempre ganan los buenos.

El general duerme en casa
y el soldado en el infierno.
El juez aplica las leyes
y el humilde cae preso.
Los patrones se enriquecen
por el sudor del obrero.

Y entremedias de todo esto,
las luces del firmamento
brillan con luz apagada,
recordando al compañero
que un día se rebeló...
y que ahora yace muerto.

Olvidados por el mundo,
ignorados por los textos,
así pasaron su vida,
con su lucha y en silencio,
con la muerte siempre a cuestas,
con dolor y sufrimiento.

Recuerdo para el esclavo
que a latigazos fue muerto,
después de haber entregado
su vida para el imperio
y hacer más grande a los grandes
y más necios a los necios.

Levantaron pirámides,
construyeron grandes pueblos,
edificaron castillos,
ellos movían los remos,
les robaron sus mujeres,
sus hijos y hasta sus cuerpos.

Y siempre los poderosos,
a base de sangre y fuego,
mantenían su poder
para ocultar ese miedo
a la fuerza de la unión
que hiciera temblar su imperio.

¿Qué habría hecho Espartaco,
Viriato o los comuneros,
por poner unos ejemplos,
si no hubieran existido
a su lado compañeros,
que de forma tan callada
lucharon juntos... con ellos?

¿Qué habría sido del mundo,
sin los mártires labriegos
que explotaban los señores
para sus lucros y juegos
y levantaron su voz,
frente al castigo y el miedo?

Y de las revoluciones
que hicieron un mundo nuevo.
Que forjaron una industria,
que organizaron los gremios,
para poder defenderse
del malvado carroñero.

¡Solo nos hablan de líderes!
¡Claro que hacen falta líderes!
¡Qué dirijan al pueblo
para tomar el poder...
para ganar los terrenos...
para dirigir a las masas...
para ganar a los dueños!

¿Pero qué habrían hecho ellos
sin esos voluntariosos,
con sus ideas de lucha
frente a esos poderosos,
que en forma indiscriminada
les enviaron a los fosos?

Para ti es este homenaje,
anónimo compañero,
y si la historia te olvida,
y no estás en los entierros,
yo abriré los corazones
y mantendré tu recuerdo.

Anónimos camaradas
que yacéis en las cunetas
de los angostos caminos
donde os quitaron la vida,
anónimos camaradas
que llenáis fosas comunes
sin nombre en los pergaminos,
bajo tierra enmudecida.

Recibid este homenaje
y del modo más rotundo,
que sin vuestro esfuerzo y lucha,
sin vuestro ardor profundo,
el hombre no sería hombre,
ni el mundo sería mundo.

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