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dilluns, 11 de gener de 2010

Juan González Soto

LOS LÍMITES DEL DÍA

A Pilar Carasol e Ildefonso-Manuel Gil

Hoy, lunes quince de julio del año dos mil dos,
hemos hablado, delicadamente
aventura, del tiempo que duerme
vivo en la memoria,
habitante ahora de los labios y la noria
sin luz donde se mueve.
Callaba el silencio para escucharnos,
acercaba su dulce oído mientras
Pilar medía con los dedos su invisible
hilván en una tela, mientras
la diminuta mudez
de vuestras nietas entraba
o salía a la tibieza del sol o la envolvía.

Hemos hablado, delicadamente
aventura, de lugares y del hombre,
Daroca, Benjamín, Ricardo,
Camilo, Serafina, Carolyn,
Vicente, Pascual, Francisco,
Camões, Ramón, José-Manuel,
Dionisio, Valle, Madrid.

¿Todo ha vivido de nuevo
o se aleja al ser nombrado?
Nunca la voz tembló, las palabras
sí temblaron. Mientras,
las niñas volvieron
la mañana para llevarla al mediodía,
y tu café y el mío nos miraban
desde el pozo de sus ojos quietos.
Nos miraban a Pilar, y a ti, y a mí,
y seguían escuchando
desde ese silencio alarmante
de las cosas cuando miran.

Hemos hablado mientras el silencio callaba.
Hemos hablado de tantas cosas
y tanto ha sido el calor que las nombraba
que el tiempo ha desdicho su ley,
ha detenido sus alas,
ha dejado de romper
con su quilla nuestras frentes.

Hemos hablado, delicadamente
aventura, del hombre,
de su desvalimiento
hecho de tiempo y de palabras
contra el tiempo.

Juan González Soto. Las islas sonoras (inédito)

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